
By Rossy
Ese día iba muy arreglada a mi trabajo pues mi esposo me había invitado a una supuesta cena con otras parejas, a medio día escuche la noticia, se incendia una guardería pero no sé porque no escuché la noticia completa, estaba apurada, en el fondo pensé que todos los niños saldrían, estaba dando terapia grupal y una de mis pacientes que era maestra la vi muy triste le dije qué te pasa y me dijo que en lo de la guardería iban 16 niños muertos me quedé pasmada no me imaginé que eso pasaría, en eso llega corriendo mi secretaria, (me dijo) te llaman de EL IMPARCIAL donde yo colaboraba como consejera y me dice la directora editorial con prisa que si autorizaba poner mi nombre entre los psicólogos que estaban preparados para intervención en crisis le dije que sí, no pude pensar de lo rápido que pasó todo, pronto empezó a sonar mi celular me llamaban que me fuera al Hospital General.
Eran como las 5 de la tarde, dejo todo encargado en el trabajo y me lanzo, mi familia me dice que me tenía preparada una fiesta sorpresa por mi cumpleaños y que estaba todo listo: globos, flores, invitados, agradecí pero tenía que ir al hospital; sin embargo no tenía la menor idea de lo que me esperaba.
Llego al Hospital General, mucha gente, me dejan entrar pues mi nombre estaba en la lista de los accesos, veo todo muy tranquilo, se me acerca un residente de psiquiatría y me dice, esto está horrible, me tuve que tomar un calmante, nunca nos entrenaron para esto… ves allá en aquel cuarto esta uno de los niños su familia acaba de entrar a despedirse y allá en aquel otro y en aquel otro están atendiendo algunas urgencias, en eso me llaman nuevamente y me dicen vente al C4, aquí va a empezar lo pesado necesitamos ayuda, me traslado y llego, si el infierno existe, ahí estaba, era horrible y conforme iban pasando las horas se iba poniendo peor, no me he atrevido a hablar esto con nadie que no le tenga confianza porque es tan complicado que no sabía cómo elaborarlo porque es demasiado fuerte, pero hoy 5 años después tengo que hablarlo por HONRAR A ESOS niños por HONRAR a mi hijo y su futuro.
Pues el C4 es la morgue, un lugar chico, ahí nos juntaron a algunos psicólogos, nos explicaron la situación, los padres y familiares de los niños empezaron a llegar después de buscar en todos los hospitales y no encontrar a sus familiares ahí fue el último lugar del planeta Tierra donde querían llegar los papás, pero fueron llegando al no encontrar a sus hijos en ninguna parte, había tanta gente que tuvieron que poner unas vallas de acero afuera con seguridad para que la gente no se brincara, conforme iba pasando la noche iba llegando más gente, vecinos, familiares, toda la gente, conocidos de los niños que se dividieron para localizar a sus criaturas, la médico legista identificaba a un niño y le tomaban una foto y la ponían en una computadora y me daban el nombre para que fuera atrás de la valla a hablarle a sus papás para que la identificaran. Estaba lejos era un camino de varios metros, había gente orando, rezando, me dieron un altavoz para que se escuchara el nombre porque era demasiada gente cuando yo caminaba por ese pasillo no podía creer que en mi práctica clínica algún día iba atravesar por algo así, dar ese mensaje, había mucho bullicio pero cuando yo llegaba al límite de la calle la gente se callaba, había un silencio absoluto y entonces ahí era el momento más horrible que jamás he vivido, tenía que anunciar en voz alta el nombre de la niña o niño identificado.
NADIE NADIE NADIE quería escuchar el nombre de su hijo. Nadie quería que mi boca pronunciara ese nombre ni siquiera. Yo quería hacerlo, al decir el nombre se escuchaban gritos, la gente se abría en una valla para dar paso a los papás del bebé que se había nombrado, los familiares no podían ni avanzar, no podían ni caminar se desmayaban en el camino, todavía me preguntaban: ¿está muerto? Ellos ya sabían pero querían que yo les dijera otra cosa… ¿Estas segura que está muerto? ¿Están seguros que es mi hijo (a)?, las mamás todavía con los uniformes del trabajo, desgarradas…se arrastraban literalmente se arrastraban por el piso porque no podían caminar pero querían llegar, la ambulancia estaba ahí, les daban oxígeno, había quienes tardaban hasta 30 minutos en caminar unos cuantos metros, no había otra cosa que hacer más que extender la mano, el abrazo para llorar con ellos como si fuera el propio hijo, no hay terapia, no hay palabra, no hay absolutamente nada que puedas decir en ese momento, llegábamos y venía la segunda parte de la pesadilla, a la gente la sentaban en una computadora A VER TODAS LAS FOTOS DE LOS NIÑOS para que corroboraran que el que se había identificado era su hijo los padres estaban aterrorizados, el personal del lugar, secretarias y todos estábamos en shock, unas secretarias mojaban las hojas donde escribían con sus lágrimas y tenían que volver a levantar las actas, nadie aguantaba la situación. Pero después de que lograban entrar al lugar y rectificar la foto venía el peor momento.
El pasillo, acompañábamos a los padres a identificar los cuerpecitos de sus hijitos, los papás caminaban y se paraban enfrente de un VIDRIO y detrás la doctora traía cargando el cuerpecito, eran tan chiquitos… y lo ponía encima de una mesa de acero inoxidable y ahí estaba SU BEBÉ! SU BEBÉ QUEMADO! No pueden imaginarse lo que se vivió ahí, era el crujir de dientes, el abismo, el infierno, lo peor de lo peor, no eran llantos los sonidos de que hacían padres eran AULLIDOS, un grito entre dolor y llanto que jamás he vuelto a escuchar, era su cuerpo que se estremecía, era un grito que salía de las entrañas, era insoportable ver eso, las mamás y papás se pegaban al vidrio, los nombraban les decían DESPIERTA hijo hija les daban besos al vidrio, rogaban, suplicaban que querían tocarlos, cargarlos; otros golpeaban cosas NI SIQUIERA PODÍAN ABRAZARLOS, los niños todavía con sus calcetincitos o sus trencitas, su ropita, había niños que solamente estaban ahí sin vida, parecían dormidos sin quemaduras una que otra en su carita pero había otros niños que estaban completamente calcinados, pero se les veía su naricita, sus manitas, se veía que eran ellos, los papás se abrazaban entre ellos querían abrazar a su hijo no se les permitía, los padres que estaban en la sala de espera oían los gritos, los llantos, la desesperación de la gente que entraba y se estremecían no se imaginaban lo que pasaba ahí adentro y seguían ellos… reacciones que yo nunca jamás había visto en un ser humano de tan cerquita y en la sala de espera, el terror y espasmo estaba apoderado del lugar, a los papás se les daba sólo unos momentos para la identificación del cuerpo, yo creo que no llegaba ni a los tres minutos, había mucha gente, todos los papás estaban desesperados por identificar, recuerdo que había dos sacerdotes en una esquina de la sala, NADIE quería que intervinieran, la mayoría de los papás les gritaban, les daban la espalda, estaban enojados con Dios, los Sacerdotes querían dar palabra de consuelo, algo así como que Dios lo tiene en su Santa Gloria, los papás, la mayoría, no querían ni que se les acercaran en ese momento, era imposible pensar que Dios tenía ese plan preparado para esos niños desde el momento que nacieron.
La gente salía de ahí y se desmayaban, gritaban, corrían, vociferaban contra Dios, contra el Gobierno, contra ellos mismos contra todo, había papás que golpeaban carros, se golpeaban a si mismos. Se me permitió hablar con algunos (con los que querían) en un cuartito, me decían como se sentían en ese momento, las mamás se echaban la culpa decían que por ambición por quererles dar mejor vida a sus hijos entraron a trabajar y que eso los había mandado derechito a la muerte, los papás se cuestionaban el por qué nunca habían revisado bien las instalaciones del lugar, había mucho dolor, culpa, algunos me decían abiertamente sus deseos de quitarse la vida y yo trataba de recordarles el resto de los hijos que valía la pena vivir por ellos aunque sea les pedía que vivieran las próximas 48 horas para enterrar a sus hijos, algunos querían despedirse de sus bebés, nunca les dijeron adiós, querían decirles; mi amor fue un placer tenerte con nosotros me hubiera gustado estar ahí ayudarte cuando me gritabas mamá, sacarte de ahí corriendo….y yo agarraba lo que sea, una bolsa de mano una cobija y se las daba y les decía despídete tu bebé, está aquí ahora en este momento….y lo que las madres y padres decían y hacían es tan fuerte que no puedo ni siquiera escribirlo aquí, imaginaban a sus hijos ahí los llenaban de besos les pedían perdón, su boca se llenaba de palabras dulces y yo tenía que quitárselos amablemente para que realmente tuviera lugar la despedida, milagrosamente a algunos se les notaba que se calmaban, que cerraban un círculo, por lo menos en ese momento ganábamos tiempo, unas horas de cordura para ellos, en general el proceso era muy frío, todavía después de ver a sus hijos los sentaban frente a una secretaria y les pedían sus credenciales de elector, les pedían papeles, les tomaban su testimonio, los hacían firmar cosas que ni siquiera leían pues hacia 2 min habían visto a su hijo muerto, quemado….yo no estaba de acuerdo pero nadie lo estaba, la pobre secretaria me pidió ayuda me explicaba el propósito del procedimiento y me pedía ayuda porque los papás no querían cooperar por obvias razones, estaban en shock y yo les decía que era para proteger el cuerpo de sus niños y que no fuera a haber equivocaciones en la entrega de los cuerpos, que había un caos y que con esto se llevarían mucho más rápido a su hijito de ahí a darle las misas, las ceremonias, a darles un entierro digno y era impresionante como los papás rápidamente sacaban sus papeles sentían que todavía podían hacer algo por sus criaturas, sacarlas de ahí, lo que les hubiera gustado hacer hacia algunas horas durante la tragedia….una vez concluidos los fríos trámites legales, los papás y familiares regresaban hacia atrás de la valla con su familiares y amigos a dar la noticia, se oían los llantos, los gritos, era colectiva la angustia, la tristeza había un infierno que lo estaban viviendo todos… Y me daban otro nombre y otro y otro, yo fui portadora del mensaje que nadie quería escuchar, se repetía lo mismo una y otra vez, una y otra vez, otro y otro y otro papá, los últimos entraron como las 3 de la mañana para la madrugada ya había acabado todo, todos se habían ido, ahí estaban los niños atrás, los niños que se habían levantado en la mañana unos a fuerzas porque no querían ir, otros emocionados, cuándo se iban a imaginar los padres que ese iba a ser el final del día para ellos.
Vi a los niños así muertos, calcinados, víctimas de una muerte horrible porque después tuve una reunión con amigos pediatras del Hospital de Morelos y me dijeron que esa muerte era una muerte muy dolorosa y muy lenta que era una de las dos muertes, más dolorosas que existían. (El motivo de ser tan explícita en mi relato tiene un objetivo que mas adelante se los voy explicar, no crean que es morbo o invasión de intimidad).
Llegué a mi casa, un contraste muy duro, había mesas puestas con manteles largos, flores, globos y lo que había quedado de una fiesta sorpresa que no fue hecha, mi familia estaba esperándome con los ojos abiertos pero no pude hablar esa noche, solamente les dije: si el infierno existe acabo de ir y ver, no creo que haya algo peor que eso en la vida. Hasta el momento yo no había llorado, me metí en mi cuarto puse el seguro y comencé a llorar mucho, mucho, mucho, no pude dormir… los cuerpecitos de los niños y las reacciones de los papás me daban vueltas en la cabeza.





Que triste dios mio, porqué pueden suceder cosas así en la vida, me imagino hoy en día a esos padres , seguro nunca van a olvidar a sus bebés, que dolor tan inmenso en el corazón.
Joder macho, que fuerte, estás cosa de verdad te hacen pareciar la vida, te hacen pensar en lo que es perder a un ser querido y más, a uno que apenas empieza a vivir. Un saludo y namaste.
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Ufffffffffffffffff! que duro está eso, no quiero leerlo más, se me oprime el corazón.