
Relato basado en una experiencia real de Laura Hernández.
Escrita y Adaptada por Eduardo Liñán.
Mi nombre es Laura Hernández. Actualmente vivo en una colonia al norte de la ciudad. Mi historia comienza a finales del año 2010. Mi familia conformada por mi papá, mi mamá y yo, nos mudamos de Poza Rica, Veracruz. Ya que mi papá había conseguido un trabajo como soldador en una armadora y cuando llegamos teníamos muchas ilusiones de crecer económicamente y como familia.
En ese momento yo estudiaba la prepa y aunque éramos humildes vivamos felices. Al ver la necesidad de tener una entrada extra de dinero mi mamá decidió vender antojitos en la casa y como iba mucha gente comenzamos a prosperar. A mi papá le iba bien en ese trabajo y también aportaba dinero, comenzamos entonces a tener muchos proyectos de vida.
Pero la fatalidad tocó a nuestra puerta y la ambición destruyó nuestras esperanzas. No sé en qué momento mi mamá comenzó a cambiar de ideas gracias al éxito del negocio. De pronto se volvió una mujer muy egoísta y prepotente con las personas, celosa de mi papá y poco paciente conmigo. Comenzaba a ambicionar cosas y estándares de vida muy altos; cosas que jamás podríamos conseguir a pesar de muchos esfuerzos.
El negocio de los antojitos lo cerró y
comenzó a buscar la manera de hacerse de dinero mas rápidamente. En esa
época conoció a una señora extraña: Doña Refugio, una anciana algo
siniestra que era clienta de mi mamá y que según era una bruja de esas
que leen cartas y hacen hechizos. De alguna forma convenció a mi mamá
para que ella también pusiera su negocio de adivinación y lectura de
cartas. Ese fue el principio del fin, mi papá como la amaba, no tuvo
objeción y cuando le preguntaba por qué permitía eso solo respondía:
-Lo que hace feliz a tu ama, me hace feliz a mí
De un día para otro la casa comenzó a cambiar. Había un sinfín de cosas
esotéricas; veladoras, hierbas raras, líquidos extraños y lo más
inquietante, figuras de yeso de la santa muerte y efigies de demonios
que según nos abrirían las puertas de la fortuna. Todo aquello era
inquietante; pero queríamos a mi mamá y teníamos que apoyarla. Un día
que estaba haciendo tarea de la escuela mi mamá llegó muy contenta y con
un rostro que jamás podre olvidar: de felicidad y de gozo.
En esos días, ella todavía platicaba conmigo de todo y me enseño un libro algo extraño, forrado de piel y con las hojas amarillentas en donde venían una especie de recetas para hacer hechizos y grabados con figuras horribles. Con un gesto de emoción, me comentaba que se lo había hallado por casualidad en un bazar de libros y pulgas. Que al estar viendo un poco el botadero «algo» llamo su atención y sintió como que el libro le hablaba para que se lo llevara. Dijo que al preguntar por el precio, el hombre le pidió 200 pesos, mismos que ya no tenia y que decepcionada se fué, esperando tener más dinero para comprarlo.
Me dijo que de pronto escuchó una voz interior que le decía: «llévatelo»
. Entonces que en un momento de distracción del vendedor tomó el libro y
se lo llevó.
Al escuchar esto, no podía creer lo que me decía.
Había robado un libro corriente y viejo. Me puse histérica y le reclamé
por que había hecho eso, la discusión llego a tal grado que mi madre me
abofeteo tan duro que me tiró sobre la mesa. Ya no quise decir nada y a
partir de ese momento se abrió un abismo enorme entre ella y yo, mismo
que después desencadenaría una historia de odio y rencor hacia mí y mi
papá.
Con el paso del tiempo, se comenzó a hacer de clientes. Personas que iban a «consultarle» cosas para tomar decisiones de vida que ellos mismos no podían hacer sin el consejo de una «iluminada» en este caso mi mamá. En la casa comenzó a cambiar el ambiente, era sofocante y lleno de ansiedad, apestaba a carbón quemado y azufre todo el tiempo. Y lo peor era que padecía insomnio, comencé a sentir como unos ojos invisibles me observaban todo el tiempo y aunque no podía ver nada, de tanto en tanto veía sombras que iban y venían por el rabillo del ojo en los rincones de la casa.
La situación en mi hogar se
había tornado dura, mi mamá había dejado de atendernos por estar
encerrada en su «consultorio» la casa era un mundo de basura y tiradero
de cosas esotéricas. Mi papá y yo teníamos que arreglárnoslas con la
comida y la ropa limpia, mientras que mi mamá nunca estaba al pendiente
de nosotros. Mi padre lejos de reclamarme o ponerle un alto, era sumiso y
decía que no la molestáramos, ya que podía enfadarse e irse de la casa.
No sabía si era amor o estupidez lo que padecía; pero me llenaba de
coraje al no poder resolver la situación.
Las cosas comenzaron a
mejorar para mi mamá, le estaba yendo muy bien con su negocio, ya que
comenzó a construir unos cuartos en el patio de la casa; ese sería su
nuevo consultorio. La gente abarrotaba el lugar para poder obtener una
consulta y había días en que comenzaba muy temprano y atendía al último
visitante ya de madrugada. Pocas veces la veía y cuando lo hacía, era
otra persona, demacrada, de aspecto sucio y desaliñada. Me daba tristeza
verla así y cada vez que intentaba acercarme era para recibir insultos
de una boca que apestaba a suciedad.
Con el paso del tiempo comenzó a hacerse de fama, e iba mucha gente a verla. Gente de dinero y gente de poder a pedir su consejo. De alguna forma se volvió acertada en sus predicciones, no sabía cómo; pero yo le atribuía su «don» a aquel libro extraño que tenia, económicamente le iba muy bien, su «consultorio» era un templo a la opulencia y el lujo, pisos de mármol, pantallas plantas en un vestíbulo donde esperaban las personas, climatizado y un ambiente muy reconfortante eran el sinónimo de sus atenciones con los clientes. Sin embargo mi papá y yo vivíamos en la pobreza, yo batallaba para seguir con la escuela y cada vez que le pedía dinero a mi mamá eran insultos y reproches. Mi padre no se atrevía a cuestionarla ni a pedirle nada. La situación se tornaba desesperada, porque mientras su vida estaba rodeada de lujos, nosotros vivíamos en una casa que extrañamente se deterioraba rápidamente al paso del tiempo a pesar de medio tenerla limpia y pintada.
Lo peor sucedió un día
que regresaba de la escuela, salí temprano y decidí ir a lavar mi ropa.
Al llegar a la casa encontré a mi mamá teniendo sexo con varios
jovencitos como de mi edad en mi cama, sentí un coraje y un odio que
quise tomarla de los cabellos y golpearla hasta cansarme; pero en cuando
quise reclamarle vi con estupor que mi mamá no era la misma, había
rejuvenecido, sus facciones ahora se veían sin arrugas y su cabello era
largo y sedoso. Antes de que pudiera decir algo me sonrió y solo me
dijo:
-Ven, participa con nosotros.
Salí de esa casa y me fui a
un parque cercano a llorar; llena de asco y vergüenza , pedí a Dios por
su ayuda. Ya entrada la noche regresé y me extrañó no ver luz en la
casa, al entrar estaba todo a obscuras y fui a la recámara de mis papás y
sentí un terrible sentimiento al ver a mi padre acostado completamente
agotado del trabajo y enfermo, su rostro además se veía triste y
demacrado, traté de consolarlo de alguna forma y cuando se quedó
dormido, agarré valor y me fui al «consultorio» de mi mamá para
reclamarle, eso fue lo peor que pude haber hecho.
Al entrar en
aquella ostentosa habitación mi mamá estaba en un gran escritorio
tirando cartas de tarot, estaba solo cubierta con una bata de seda y
tomaba una copa de vino. Se me quedó viendo con una mirada algo extraña y
me dijo con enfado:
-¿Que quieres?
-Ya basta mama, hasta cuando vas a tratarnos, así -le reclamé con un tono enojado.
-Así como estúpida -me respondió con dureza.
En eso se levantó y comenzó a golpearme tan duro que por un momento
quise defenderme; pero el amor que una vez sentí por ella y el respeto
que aun le tenía me impidió levantarle la mano. Me arrastró por el piso y
de un golpe me arrojó al patio. Yo con el sentimiento y con la rabia
que me causaba la impotencia de no poder hacer nada, lloré
desconsoladamente. Entonces decidí irme de ahí con mi papá a otro lado y
dejarla para siempre.
A la mañana siguiente regresé de la escuela y me dispuse a hacer maletas y guardar mi ropa en cajas para irme de la casa. Mi padre aun seguía postrado en cama, víctima de una gran depresión, intuía que sabía de las porquerías que mi mamá hacia; pero la sumisión en la que estaba le impedía hacer cualquier cosa, por un momento pensé que mi mama lo había «embrujado». Pensaba llevármelo y de algún modo guardé su ropa y sus cosas también. Sin embargo algo me pareció fuera de lugar, no había ruidos, no había bullicio y no estaba mi mamá en su consultorio o al menos eso parecía. No sé porque mi curiosidad o una voz en mi cabeza me hicieron dirigirme a aquel lugar.
Con pasos sigilosos entré en aquel lugar; se me hacia extraño que no hubiera nadie y que estuviera abierto. Suponía que mi mamá nunca esperaría que yo fuera a entrar. Como siempre el lugar era inquietante, con tantas cosas esotéricas y simbología, mezclado con mucho lujo. Entonces noté algo raro al fondo del cuarto. Era una puerta que estaba detrás de un altar a un demonio extraño llamado Baphomet. La puerta tenía un enorme candado que estaba entreabierto y supuse que mi mamá estaba dentro. Algo me hizo llamarla sin obtener respuesta y me aventuré a ver que había en aquella habitación, al abrir noté que era una especie de capillita con bancas de iglesia y en el fondo una mesa de mármol sobre la cual descansaba el extraño libro que mi mamá había robado de principio.
Detrás de la mesa había otro altar con el mismo demonio; pero la escena era diferente, estaba sentado en un trono con un torso humano y sus brazos sostenían lo que parecía ser el mundo en la mano derecha y una corona en la izquierda, de la mitad animal salía una especie de falo y sobre los pies de la bestia había personas, niños y mujeres como en pose de adoración, hincados y extendiendo los brazos hacia aquella bizarra escultura. La cual reposaba en un pedestal de fina madera y sobre él una cortina enorme de terciopelo negro. Detrás había otra puerta; pero esta estaba finamente labrada y forjada, había inscripciones en ella en lenguajes que no comprendía. Al abrirla no creía lo que mis ojos veían.
Era dinero, muchísimo dinero apilado en una tarima, y alrededor de ella había tambos de algún líquido, en otro extremo había muchos envoltorios emplayados, quizá drogas y en otra pared, había armas de diversos tamaños. Aquello me dejó completamente helada y con el temor de que mi mamá o algo peor regresara y me encontrara husmeando. Caminé dentro de aquel cuarto y hacía , se sentía demasiado encerrado, claustrofóbico. En cierta parte del lugar, había varios frascos con cosas dentro y fotografías de personas que no reconocía. Una sensación de miedo que me recorrió de pies a cabeza, cuando vi que una de esas fotos era mi papá y mías. Al parecer uno de los trabajos evidentes de brujería era para nosotros, quizás de ahí provenía nuestra sumisión hacia mi mamá. Estaba tan absorta viendo aquellas horribles cosas que de pronto me sentí observada. Mi cabeza comenzó a dar vueltas y comencé a alucinar que aquellas figuras de demonios me veían y se reían de mi, entre mis delirios pude notar que las sombras se materializaban en algo horroroso, el terror se apoderó de mi al ver una enorme figura negra al fondo de aquel cuarto que parecía observarme, lentamente camine a la salida y esa cosa parecía mover su cabeza para verme, no sé si fueron mis nervios pero escuche claramente un balido de cabra mezclado con una voz humana que lanzaba un grito horrible. Me invadió el terror y corrí con el corazón saliéndoseme del pecho.
Salí rápidamente del lugar, espantada por todo lo que había visto. Mi mamá se había involucrado con gente mala, nuestra vida corría peligro, así que tomé lo que pude y agarré un taxi para irnos mi papá y yo. Huimos a Poza rica donde ya nos esperaba una tía que sabía todo lo que había pasado. Nunca pudimos recuperarnos completamente de aquello, yo aun veía cosas. Sombras y seres horribles en mis sueños y a veces despertaba sudorosa en las noches por haber sentido unas manos que me tocaban. Mi papá nunca pudo recuperarse de aquella extraña depresión y envejecía cada día hasta que una noche simplemente su corazón se paró y dejó de respirar, tuvo una muerte tranquila y eso me tranquilizaba; pero a la vez me ponía triste porque murió en depresión y extrañando a mi mamá.
Mi vida transcurrió tranquilamente hasta que unas personas llegaron a la casa de mi tía preguntando por mi papá, al indicarles que yo era su hija y que el había muerto, me dijeron una noticia que me entristeció: mi mamá había muerto en extrañas circunstancias. Los hombres se identificaron como policías federales. Me hicieron muchas preguntas acerca de ella, cosas que no sabía y al decirme las circunstancias de su muerte me dejaron llena de temor. Me mostraron fotografías de la escena. Había sido baleada en su consultorio el cual fue incendiado junto con ella.
Su cuerpo quedó carbonizado junto a la figura de aquel demonio la cual
estaba intacta; de aquel lugar solo quedaron cenizas y de toda la
opulencia en la que nadaba mi madre no quedó nada.
Con el tiempo
regresé a la ciudad para retomar mis estudios universitarios. Una tarde
visitaba a una amiga que vivía detrás de aquel lugar donde habíamos
llegado a vivir años atrás y donde estaba el consultorio de mi mamá. El
lugar estaba en ruinas y quemado completamente, decían que los dueños de
ese lugar no lograban vender esa propiedad. Era de noche cuando me
quedé viendo lo que había quedado de aquella vida. De pronto y por unos
instantes pude ver una enorme sombra de lo que parecía ser un animal con
cuernos, acuclillado en el fondo de las ruinas de donde alguna vez
estuvo el consultorio. Era una cabeza como de cabra que se asomaba y me
veía entras las sombras y de pronto «escuche» una voz en mi cabeza que
comenzó a decirme algo que hasta la fecha lo recuerdo y me llena de un
terror indescriptible
«Tu familia te espera»…





