6 Vampiros que realmente existieron en el pasado

En Kringa, un pueblo de la antigua región de Istria, hoy conocida como Croacia, vivió y murió un campesino llamado Jure Grando. Y volvió. Según se recoge en los archivos, en 1656 muere Grando, y se cuenta que fue enterrado en el cementerio local por el cura del pueblo, el padre Giorgio. Poco después de ser enterrado Grando, no obstante, la gente de la zona informaba de haber visto al difunto deambulando por la aldea, e incluso llamando a la puerta de algunas casas.

Cuentan los documentos que atormentaba y violaba a su viuda, asaltaba a la gente y aterrorizaba a los niños apareciendo por la noche y a través de las ventanas.

Se cuenta que el ‘primer vampiro’ estuvo aterrorizando a la población durante dieciséis años antes de que la gente de la zona tomara medidas contra él. En 1672, el alcalde del pueblo Miho Radetić reclutó un grupo de jóvenes valientes para dar caza a Grando y poner fin a su reinado de terror. Lo que consiguieron no con una estaca, como dictamina el folclore, sino cortándole la cabeza y realizando un exorcismo.

El caso de Jure Grando es importante dentro del mundo de los vampiros por ser, probablemente, el primero documentado oficialmente de la historia. Que existió, lo sabemos. Que algo ocurrió en Kringa, también. Pero, ¿qué pasó realmente? No siempre podemos apartar la oscuridad de los hechos pasados tiempo atrás.

Hunderprest de la Abadía de Melrose

Los escoceses son amantes de los fantasmas y otras criaturas fantásticas. Y no es de extrañar que posean varios vampiros en su folclore llenos de castillos y abadías ominosas regadas por la lluvia. De hecho, fue el castillo Slains, en Cruden Bay, el que inspiró a Bram Stoker para escribir «Drácula».

Pero ahora vayamos a Melrose. Entre las paredes de su derruida abadía, allá por 1138, cuentan los textos de Guillermo de Newburgh que vivió un capellán nada ortodoxo. Este sacerdote gustaba de cazar a caballo con su jauría de perros.

Durante su vida, este cura no fue una persona piadosa y bondadosa, recibiendo el apelativo de “cura perro o cura cazador” por ser la caza a caballo con una jauría de perros una de sus aficiones favoritas. Cuando falleció fueron muchos los casos que refirieron cómo se aparecía a los vecinos, bebía la sangre de inocentes y podía transformarse en murciélago.

En un primer momento los monjes de la abadía de Melrose le dejaron estar en su entorno, pero cuando el cura comenzó a solicitar sexo a su amante, los monjes y sacerdotes se decidieron acabar con él. Para ello, todos juntos esperaron a que saliese de su tumba a medianoche, le propinaron un golpe con un hacha en la cabeza, lo incineraron y aventaron sus cenizas, dando fin a su cruel reinado de terror. Algunas leyendas señalan que aún se aparece por la zona.

Petar Blagojevich, el nueve veces asesino

Volvamos a Europa del Este. El caso de Petar Blagojevich es uno de los mejores documentados del siglo XVIII sobre histeria vampírica. El bueno de Petar vivió cerca de Kisilova, en Serbia, en tiempos complejos de guerra y conflicto. Y, como de costumbre en estos casos, murió para volver un día después a asesinar gente. Según contaron sus conciudadanos, Petar Blagojevich asesinó a nueve personas a lo largo de la semana siguiente a su muerte.

Todos los finados eran encontrados en sus camas con restos de sangre y la garganta abierta. La cuestión es que la histeria se apoderó del pueblo, que amenazó a la autoridad local para que tomara cartas en el asunto pasando por encima de la autoridad municipal. El cuerpo de Petar Blagojevich fue exhumado, saltándose la ley, y fue encontrado incorrupto y con señales de vampirismo, según relatan los documentos.

El cuerpo fue empalado y quemado, y las autoridades superiores, debido a la gravedad del asunto, no tomaron represalias. Tras esta intervención, las extrañas muertes y sueños cesaron.

El partisano de Medveja

Arnold Paole fue un militar en tiempos revueltos. Una noche, cuentan los informes, fue atacado por un vampiro pero se salvó de convertirse en uno comiendo tierra de la tumba del monstruo. Sin embargo, cuando murió, tiempo después, volvió como vampiro. Eso decían los lugareños, al menos.

El caso de Paole es especial porque fue el determinante que desencadenó la «epidemia de vampirismo» de la Europa del Este del siglo XVIII. Según las fuentes, el ataque de Paole a varios animales y personas habría causado la continuación de esta «enfermedad» que afectó, como mínimo, a dieciséis personas más.

Puesto que el miedo a los vampiros venía creciendo desde décadas atrás, esto levantó la alarma entre las autoridades que comenzaron a investigar, exhumar y realizar informes sobre los supuestos vampiros. Cosa que sólo ayudó a extender el rumor sobre la existencia de estos seres del averno.

El vampiro de Croglin Grange

La historia comenzó en 1800, Cuando la familia Kronuèll (Cranwell) se mudó a una casa en Kroglin-Grunge en Kumbrie (Cumbria). La señora Kronuèll notó un brillo extraño en el jardín, pero no le presta particular atención, hasta que despierta en medio de la noche debido al hecho de que sus ventanas colgaban algunas luces. Pero éstas no eran luces normales, fuera de la ventana, vio los ojos de alguien.

Cuando los hermanos Cranswell entraron a la habitación al escuchar cómo se rompían unos cristales, llegaron a tiempo a ver una extraña criatura similar a un insecto gigantesco, inclinado sobre Amelia. Estaba alimentándose de su sangre.

Un tiempo después del ataque, los hermanos volvieron a la casa y Lady Cranwell ocupó de nuevo su habitación a fin de actuar como señuelo para atrapar a su atacante. Esa noche, el vampiro trató de entrar por la ventana, pero le esperaban los hermanos armados con pistolas. Consiguieron herirle y el vampiro escapó de nuevo, aunque esta vez los hermanos le siguieron hasta el una cripta abierta del cementerio. En su interior se halló un cadáver putrefacto y con una herida de bala reciente.

Todos los vecinos acordaron cortarle la cabeza y quemarlo posteriormente, esparciendo sus cenizas en un cruce de caminos. No hubo más víctimas, y jamás volvió a abrirse ninguna madriguera siniestra en ningún camposanto.

Bathory, la condesa sangrienta

Quizá esta es una de las mujeres vampiro más conocidas de la Historia y una de las más siniestras, pues mientras un personaje histórico como Vlad no fue un vampiro, la leyenda de Elizabeth Bathory describe un personaje que sí se puede considerar un vampiro, esto es, una persona que se alimenta de sangre y la concibe como fuente de vida y juventud. Bathory fue una condesa húngara del siglo XVI. Una mujer que disfrutaba aplicando las más crueles torturas a los aldeanos que vivían en sus tierras.

Son muy pocos los detalles que se conocen sobre la infancia de la condesa sangrienta, pero según se cuenta, a la edad de 6 u 11 años se escapó de su institutriz para mirar cómo ejecutaban a un gitano que había sido condenado a muerte por vender a su hijo a los turcos.

Su fama como vampiresa comenzó cuando saltaron los rumores de que solía bañarse en la sangre de jóvenes doncellas. Un práctica que llevaba a cabo para mantenerse joven y que los historiadores consideran que entra en el ámbito de la leyenda.

Se trató de la primera asesina en serie mujer conocida y también de la única homicida de su época que acababa con las vidas de muchachitas para satisfacer, además de su sadismo, un fetiche sexual sólo con mujeres. De 50 a 650 chicas fueron torturadas y asesinadas por la auténtica Drácula. Mientras más dolor les infringía, más placer sentía. También se dice que las obligaba a tener relaciones con ella, siempre mientras su esposo (Ferenc Nádasdy) se encontraba batallando en guerras húngaras.

Sea como fuere, Elizabeth Bathory fue emparedada en su castillo, dejándola encerrada con un espacio suficiente como para poder respirar y alimentarse. Murió pocos años después.

2 pensamientos en “6 Vampiros que realmente existieron en el pasado

  1. tin 13

    ya hacia falta algo de acción en esta parte del mundo men…. buenisimo, si consigues algunos secretos oscuros de la Santa Inquisición me gustaria que lo publicaras.

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